Aunque usar la brocha no es nada complicado, hay que tener en cuenta que si no se utiliza de forma correcta, pueden quedar marcas en las superficies. Para que no tengas que enfrentarte a este problema, la opción ideal es el rodillo, que también tiene su arte.

 

 

1. Escoge el rodillo adecuado. Mejor invertir una vez en uno con una buena esponja, ya que absorberá mejor la pintura. De hecho, los rodillos de mala calidad no suelen cargar bien la pintura, por lo que el acabado suele ser peor. Los rodillos con el pelo más largo son preferibles para las superficies rugosas, mientras que los de pelo corto o los que carecen de él son mejores para superficies lisas. Por supuesto, deberás hacerte con un mango telescópico.

2. La cubeta, que debe tener rejilla, es mejor que no sea demasiado grande para poder moverla sin problemas.

3. Introduce el rodillo solo hasta la mitad. Después, gíralo sobre la rejilla de la cubeta e introduce la otra mitad. Luego, retira el exceso de pintura mediante la rejilla.


4.
Comienza a pintar en forma de una “M”, de abajo hacia arriba. Es importante que levantes el rodillo al final de cada recorrido. A continuación, distribuye la pintura por toda la sección con recorridos horizontales. Por último, pasa el rodillo, sin agregar más pintura, de forma suave y pareja y de arriba hacia abajo por toda la sección hasta que no queden marcas.