1Luz por todas partes
Es la primera clave. Una habitación nórdica es aquella que disfruta de ingentes cantidades de luz natural, solo matizada por cortinas o estores de colores como el blanco o el beis y de ligereza extrema. De hecho, en los países del Norte es habitual ver las ventanas y ventanales desnudos. Y cuando hay sol de medianoche, persianas de madera o aluminio. Solo para dormir, pero eso es todo. La claridad también viene sellada por el mobiliario y los colores de las estancias en general. Las paredes y techos pintados en blanco multiplicarán también la sensación de luz. ¿Los suelos? Una vez más, en tonos claros, naturales, blanquecinos o grisáceos. Y para combinarlos en el salón, por ejemplo, bien merece una mención el negro, el antagonista del blanco y, a la vez, mejor pareja.

2Suaves destellos de color
El color predilecto del estilo nórdico es el blanco, pero para darle un poco más de vida, puedes introducir pequeños detalles de color a través de los textiles y otros complementos en azul, rosa, turquesa, verde o amarillo en su versión más pastel. Incluso funcionan bien mezclados entre sí. Así romperás tanta austeridad y darás un tono ecléctico a la estancia, a la par de mucha personalidad. Y no necesitas gastar dinero en piezas especiales.

Puedes aprovechar algunas que tengas y convertirlas en escandinavas. Es lo que ha hecho nuestra amiga e influencer Victoria, del canal de YouTube Denim & Cotton, en colaboración con Mi Hogar Mejor. Victoria ha utilizado pintura chalk paint para darle un aire nuevo, mágico y muy nórdico a los rincones.

Como experta nos recomienda poner estos colores en pequeños objetos si es que los pasteles te resultan demasiado empalagosos. Para ponerte manos a la obra, puedes hacerlo con brocha, pero también puedes utilizar los colores de efecto tiza en spray e incluso en rotuladores para hacer los detalles más pequeños. Pintar con chalk paint es muy fácil. Sigue siempre la línea de la veta si es madera y si no lo es, mueve la brocha siempre en una misma dirección.



