Aunque a simple vista pueda parecer una tarea sencilla, la elección del tipo de lija, del grano y la técnica utilizada pueden marcar la diferencia entre un acabado profesional y uno defectuoso.

ELIGE LA LIJA ADECUADA SEGÚN EL GRANO
Una lija de grano grueso (entre 40 y 80) se utiliza para remover grandes cantidades de material, eliminar restos de pintura o barniz, o nivelar superficies muy irregulares. Es perfecta para preparar madera sin tratar o eliminar imperfecciones profundas, pero no debe usarse directamente en acabados delicados, ya que deja marcas.

El grano medio (100–150) es ideal para suavizar superficies ya trabajadas, eliminando marcas de lijas gruesas y preparando la pieza para la siguiente fase. Este tipo de lija permite un control mayor y es la que suele utilizarse antes de aplicar la primera capa de pintura o barniz.
Finalmente, la lija de grano fino (180–240 o superior) se utiliza para acabados finales. Este es el momento de conseguir una superficie completamente lisa, lista para pintar o barnizar, donde cualquier imperfección puede arruinar el trabajo estético. Es recomendable lijar suavemente siguiendo la dirección de la veta de la madera o del material, evitando movimientos circulares que puedan generar rayaduras visibles.
DE MAYOR A MENOR
Otro aspecto importante es la progresión de granos. Los profesionales aconsejan empezar con un grano más grueso para eliminar material o corregir irregularidades y avanzar progresivamente hacia granos más finos. Además, tan importante como la elección de la lija es la técnica.

Mantener la presión uniforme, trabajar sobre superficies estables y limpiar el polvo de manera periódica evita que partículas duras rayen la pieza. Para proyectos más delicados o acabados de alta calidad, se recomienda el uso de lijas con soporte de esponja o lijadoras eléctricas con control de velocidad, que permiten mayor precisión y uniformidad.

