Con la llegada del frío, poner a punto el sistema de calefacción es el proyecto de bricolaje más importante para tu hogar. Una revisión a tiempo te ahorrará problemas y dinero en la factura. Estas son las tareas de mantenimiento que puedes hacer tú mismo.

Razones por las que tu calefacción debe estar en condiciones
Seguridad ante todo: El primer objetivo es prevenir la fuga de monóxido de carbono (CO), un gas inodoro e invisible que puede ser mortal en sistemas de combustión (gas, gasóleo, biomasa).
Máxima eficiencia energética: Una puesta a punto habitual asegura que el equipo trabaje con su rendimiento óptimo, evitando el sobreconsumo.
Ahorro en la factura: La eficiencia se traduce directamente en un menor gasto de combustible o electricidad.
Prolongación de su vida útil: La detección a tiempo y corrección de pequeños problemas alarga la durabilidad del equipo y retrasa costosas sustituciones.
Prevención de averías graves: Se evitan fallos inesperados y caros durante el pico de uso invernal.
Cumplimiento legal y garantías: Las revisiones periódicas son obligatorias según la normativa vigente (RITE) y son un requisito indispensable para mantener la garantía.
Confort y calidad del aire: Garantizar un funcionamiento silencioso y una temperatura uniforme.

Comprueba la presión de la caldera
Asegura que el agua caliente circule por todo el circuito.
Verifica el manómetro: Localiza el manómetro (indicador de presión) en la parte frontal de tu caldera. La presión ideal debe estar entre 1 y 1,5 bares (mira el manual de tu caldera para la especificación exacta).
Ajusta la presión (si es baja): Si la presión está por debajo de 1 bar, usa la llave de llenado (normalmente una ruleta o palanca en la parte inferior) para añadir agua al circuito lentamente hasta que el manómetro marque el nivel deseado. Cierra la llave de llenado firmemente una vez alcanzada la presión.
Encendido de prueba: Si la caldera ha estado apagada todo el verano, abre la llave de corte del gas (si aplica) y enciéndela brevemente para verificar que arranca sin códigos de error.

Purga los radiadores y libera el aire atrapado
Esta es una tarea esencial para esta época del año, antes de poner en marcha todo tu sistema de calefacción. Eliminar el aire de los radiadores garantiza que calienten de manera uniforme y eficiente. Para ello, necesitarás una llave de purgado (una pequeña llave metálica o de plástico específica para radiadores). Si no la tienes, puedes hacerlo con un destornillador plano o incluso una moneda. También ten a mano un vaso o recipiente para recoger el agua que saldrá al final del proceso, y un trapo, que te servirá para proteger la pared y el suelo de salpicaduras, y limpiar.
Preparación: Apaga la calefacción y deja que los radiadores se enfríen por completo. Ten a mano la llave de purgado, el recipiente y el trapo.
Organízate: Comienza siempre por el radiador más cercano a la caldera (o el de la planta baja, si vives en varias alturas), y avanza hacia el más lejano.
Libera el aire: Localiza la válvula de purga (lateral, en parte superior), gírala con la llave lentamente en sentido contrario a las manecillas del reloj, escucha el silbido del aire saliendo y mantén el vaso debajo. Cierra la válvula cuando el aire cese y comience a salir un chorro de agua constante y limpio.
Reajusta la presión: Repite el proceso en todos los radiadores. Al finalizar, la presión de la caldera habrá bajado significativamente, ya que los radiadores ya no tendrán aire y funcionarán de manera eficiente todo el invierno que viene. Usa la llave de llenado para ajustarla de nuevo a 1-1,5 bares.

Los radiadores también necesitan una limpieza
Limpieza superficial: Usa un aspirador con una boquilla estrecha y un plumero para eliminar el polvo acumulado entre las láminas de los radiadores (los hay especiales para ellos). El polvo puede reducir significativamente la emisión de calor.
Comprobación de fugas: Revisa las llaves de entrada y retorno de cada radiador. Pasa un trozo de papel higiénico seco por las juntas; si se humedece, hay una pequeña fuga. A menudo, basta con apretar las tuercas con una llave inglesa. Si el goteo persiste, llama a un profesional.
Entorno despejado: Asegúrate de que cortinas, muebles o ropa no bloqueen el radiador. Un radiador obstruido desperdicia energía y puede calentar hasta un 20% menos.

¿Cuál es el sistema de calefacción más ecológico?
Si esta temporada has decidido renovar tu sistema de calefacción, es importante pensar en la sostenibilidad. Las chimeneas de leña nos encantan, pero son muy contaminantes, por ejemplo. Por otro lado, la aero y la geotermia son los sistemas más ecológicos, pero siguen teniendo un precio elevado, no apto para todos los bolsillos. Hemos elaborado esta tabla que compara el impacto ambiental, la eficiencia y el coste de los principales sistemas de calefacción disponibles en el mercado, ordenados de menos a más sostenible.

Haz que las estufas de pellets empiecen la temporada impecables
A. Limpieza diaria o cada dos días (según uso). Estas tareas son las que te aseguran la máxima eficiencia y evitan que la estufa se apague por mala combustión. Con la estufa fría.
- Limpia el quemador (brasero): Retira el quemador (o cestillo) de la estufa (usa guantes). Con el aspirador, elimina las cenizas y los residuos que se hayan acumulado en él y en el hueco donde se encaja. Asegúrate de que los orificios de paso del aire del quemador estén completamente libres de ceniza; esto garantiza una buena combustión. Vuelve a colocar el quemador en su sitio.
- Limpia del cristal: Aspira la ceniza del cristal y el marco con la boquilla de plástico del aspirador para no rayarlo. Aplica un limpiacristales específico para hollín y frota con un trapo. El cristal limpio mejora la transmisión del calor.
B. Limpieza semanal
- Vaciado del cenicero: Extrae el cajón o recipiente de recogida de cenizas. Vacía el contenido en una bolsa de basura (puedes usar esta ceniza como abono, ¡es ecológica!). Aspira los restos de ceniza que hayan quedado en la cámara de combustión y alrededor del cajón.
- Limpieza de intercambiadores: Muchos modelos tienen un sistema de rastrillo o palanca para limpiar el intercambiador de calor. Acciona este tirador (si tu modelo lo tiene) para que la ceniza acumulada en los cilindros internos caiga al cenicero y puedas limpiarla desde allí.

¿Te has olvidado del termostato?
El termostato es el «cerebro» que controla tu consumo. Su funcionamiento suele ser con pilas o baterías, por lo que conviene verificar que las tenga o que, si las tiene, que estén cargadas. Aunque es un incidente de fácil solución, es un fallo muy habitual. Luego, para corroborar que el termostato se comunica correctamente con el sistema, enciende la calefacción y eleva la temperatura. Comprueba que la caldera arranca; después, baja la temperatura y verifica que la caldera se apaga. Si todavía usas un termostato manual, considera instalar un modelo programable o inteligente. Es un avance ideal porque te permite ajustar la temperatura de forma remota, maximizando el ahorro y la eficiencia.

La aerotermia y geotermia precisan menor mantenimiento
La geotermia extrae la energía térmica directamente del subsuelo, donde la temperatura permanece constante durante todo el año, sin importar el clima exterior. Por su parte, la aerotermia es un sistema de climatización que aprovecha la energía contenida en el aire exterior para calentar, enfriar y producir agua caliente. Su instalación es relativamente rápida y no requiere grandes obras, a diferencia de la geotermia, sistema más complejo. No solo son los dos sistemas de calefacción más sostenibles y menos contaminantes, sino que son fáciles de mantener: basta con verificar la presión, limpiar los filtros, revisar y retirar cualquier obstrucción que pueda bloquear el flujo de aire. La geotermina tiene una durabilidad de unos 25 años, mientras que la aerotermia, unos 15.


